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#HistoriasQueMotivan "Elegí ser venezolano". Padre Josiah K'Okal

Actualizado: 11 ene 2024

El padre Josiah K’Okal, sacerdote católico perteneciente a la congregación de los Misioneros de la Consolata, nació en Uganda en África Oriental, donde vivió hasta los seis años, sus padres decidieron regresar a su país de origen, Kenia, porque lamentablemente, Uganda se vio envuelta en una crisis creciente debido a un régimen dictatorial en los años 70.

Monte Kenia. Foto: Wikipedia. Thomson Batian

Kenia, coronada por la segunda montaña más alta de África, está en su memoria como aquel campo de sembradíos de caña de azúcar de sus padres, el sabor del maíz, principal consumo del hogar en aquella cultura, el olor a tierra y los sonidos de una casa llena de tíos y primos con tardes de fútbol y largos trayectos en autobús, que en aquel tiempo, sin calles asfaltadas ni suficiente transporte, un recorrido que hoy se hace en media hora, en su niñez podía ser de cuatro. El fútbol el primer contacto con las Américas, ¡¡¡Vamos Brasil!!!; El campo de su tierra ancestral, la antesala a un futuro que le cambiaría la vida y nutriría la esencia de su ser.

A los veintidós años se muda para Inglaterra donde vivió por cuatro años, estudiando teología, y al regresar a su país en 1997 se ordenó sacerdote. Comienza allí su labor con la orden Misioneros de la Consolata, que con una formación muy amplia y completa, le permitieron conocer América más profundamente, él pidió ser enviado a este lado del mundo, Venezuela o Brasil eran su opción. Llegó a Venezuela el 22 de octubre de 1997.

Su primer contacto con estos dominios fue en Barlovento, Edo. Miranda, cuenta el padre: “Llegó diciembre, me impactó el sabor de las hallacas, no pude dejar de comerlas”, luego fue enviado a Barquisimeto, en el Edo. Lara, una ciudad que parecía un pueblo por la cercanía de la gente, característica que no ha perdido, el padre keniano, se encontró con un país muy abierto como ningún otro:


“Viví en Inglaterra cuatro años, en una calle ciega con variedad de personas, y llegué a conocer a una sola de ellas; En Barquisimeto y Caracas, en poco tiempo ya conocía más del 50% de los vecinos”

En Barquisimeto permaneció hasta el año 2005, fue requerido para una misión con los indígenas Warao, en el Delta del Orinoco, - “Fue un dolor dejar Barqusimeto, me había encariñado mucho con su gente”- me cuenta el padre, pero lo que encontraría con los indios Waraos, jamás dejaría de agradecerlo. Los indígenas le llamaban Maraisa (hermano) o también, en el caso de los hombres: Daje – Daka (hermano mayor – hermano menor). Esta experiencia le dio una cosmo visión bastante profunda de lo que es la vida y nuestra relación con la naturaleza, parafraseo al padre:


"El mundo de los Waraos es uno donde el ser humano no es dueño de la tierra, sino que somos parte de esa naturaleza, por tanto, le piden permiso a los espíritus del río para navegarlo, al de los árboles para cortarlos, la vida es holística"

Así me lo narró con profunda paz y satisfacción por aquel descubrimiento en su vida a través de estos seres nobles y respetuosos que estaba conociendo, al punto de que K’Okal no habla de Latinoamérica, pues siente que con esta denominación, se está dejando a un lado las muchas lenguas no romances originarias de la región. Así de profundo caló el Warao en su vida.


Delta del Orinoco, Venezuela. Comunidad Warao.


Todo ese calor humano, el contacto con la naturaleza que iba más allá del inolvidable olor a tierra y cosechas familiares kenianas, convirtió al padre K’Okal en venezolano, antes que las leyes y los procedimientos, esos pasos tediosos y rutinarios tan solo fueron un sello, una simple formalización de un sentimiento que había nacido al sazón de hallacas, al ritmo del cuatro larense y al sumergirse en la cosmovisión warao. Cuando salió la gaceta su naturalización el 25 de septiembre 2018, exclama;


“La alegría era mucha, porque amo inmensamente este país por ser el más bello que he podido tener la oportunidad de conocer. Tomé la opción de ser venezolano porque este es un país que me ha dado mucho. La crisis política que se vive es coyuntural, pasará y vamos a reconstruir este país, y yo formo parte de esa reconstrucción”.


Reunión de trabajo con talleristas Escuelas Espere Venezuela

Además agrega, con su voz serena pero muy categórica:


“Y no se trata de apoyar o no a un régimen, lo importante es sentir que el país es nuestro y que hay que construirlo. Es cuestión de condenar lo malo, este gobierno ha tenido muy mala gestión, este no es el país que soñamos, es sentir que estamos construyendo país ¿Qué nos está pasando como venezolanos?”

Hoy día el padre K’Okal está en Ecuador haciendo estudios en antropología que le permitan ayudar o atender a los indígenas Warao, cultura que ya tiene un 16% de su población emigradaa Brasil, algunos han llegado hasta a Belém do Para, a 4.000 km lejos de la frontera.

En Ecuador, cuando le preguntan ¿De dónde eres? Él contesta:


Soy un keniano venezolano



Honrando sus raíces, abrazando la nueva tierra.

Agosto 2019

Nota de la escritora: Me dedico a conversar con la gente en la calle, para saber cómo se sienten y qué piensan. Algunas personas sienten que nuestro país no vale la pena y que con mucha desesperanza y rabia se sienten defraudados por ser venezolanos, cada historia es personal y las motivaciones con sus experiencias son distintas en cada ser humano. Te invito a explorar otra visión, a través de éstas #HistoriasQueMotivan.


Mayerling Vera Merlo.


01 de Enero de 2024 A tres años de ésta entrevista, un 01 de Enero de 2024 el padre Josiah K’Okal, ha fallecido en condiciones que la sociedad civil venezolana ha solicitado investigar con transparencia y celeridad. Mi amigo K’Okal venía denunciando diversas situaciones de violación de los DDHH a la etnia Warao al tiempo se dedicó a aprender su idioma y desde Brasil participar en diversas actividades y acciones en defensa de los indígenas venezolanos que se había estado desplazado a ese país.

Suscribo las palabras del Padre Juan Carlos Greco que ahora acompaña al pueblo Warao y cito:

“No podemos decir que es un buen día, sino ¡un triste día! Un día donde lo mejor es guardar el luto y callar. ¡Es momento de recordar con agradecimiento! ¡Un día de traer a la memoria buenos recuerdos y consejos que el ‘Baré Mekoro’ nos dio! ¡Es el momento de imitar ejemplos! ¡Y de callar algunas palabras que pueden incitar a sentimientos contrarios a todo lo que nos enseñó K’Okal en las famosas Escuelas o Talleres de Perdón y Reconciliación!

Buen viaje amigo. Gracias gracias gracias. La luz sea en tí y en nosotros en cada momento de nuestra vida. Mayerling.

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Mérida, Yucatán. México +525570864252

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