Si pasas el Espinazo del Diablo, encontrarás que Dios sí existe
- Mich Vera

- 31 may 2025
- 4 min de lectura
Actualizado: 12 dic 2025
Subir la montaña de madrugada, tiene sus encantos, se despiertan otros sentidos, la mirada es otra porque cuando se desciende a la luz del sol, los mismos caminos son nuevos, es saber por dónde vas porque el tacto recordó la textura única de aquel árbol que te sirvió de apoyo horas antes.
Subir de madrugada rumbo al Pico El Águila, ubicado en el Ajusco de la CDMX, es disfrutar de la oscuridad interrumpida sólo por las estrellas, la constelación de Orión en el cénit y una luna creciente iluminando un camino escarchado, nuestros pasos eran acompañados por el brillo mágico de la naturaleza, era el rocío congelado ¡Nunca lo había visto así!, al poco tiempo, a mayor altura, a lo lejos, micro lunas punteaban los pocos espacios oscuros de la ciudad, sin duda la visión más romántica que pudieran tener los focos de las calles y edificaciones.

Poco a poco el sendero pasó de una suave pendiente a una continua escalada, con el frio sin dar tregua, nuestra guía nos dio instrucciones para guardar los bastones, ¡estábamos al pie del Espinazo del Diablo!. La oscuridad impidió ver el volumen, condiciones y verticalidad de este tramo. Desde allí una gran sorpresa desvió el cansancio: ¡La silueta de los dos volcanes amantes: el Popocatépetl e Iztaccíhuatl, ¡Qué emoción! Entre violetas y timidez naranja, empezó a anunciarse el amanecer, faltaba poco para coronar la cima.
Alcancé a tiempo la cima del Pico El Águila para presenciar el nacimiento del sol a un costado del Popocatépetl, la vista no podía ser más hermosa, la gran Ciudad de México, pequeña ante la imponente montaña. Encontré entre las rocas un espacio que cual cuna de piedra me recibió, abriéndome paso, no sólo al sol, sino a los acantilados, a las texturas creadas por la luz, a las sombras cambiantes con cada minuto, al sonido del viento, silbando entre las hojas, jugando con mis oídos, mientras el frío ya no me hacía cosquillas más que acariciarme desde la piedra grandiosa que acurrucaba mi agradecido cuerpo.

Llegó la hora de descender. ¡Qué impacto fue observar lo que realmente habíamos escalado! Realmente el mentado Espinazo es como una columna vertebral compuesta de puras piedras a las cuales abrazas, sobas y por las cuales no dudé en arrastrarme. Fue aterradoramente divertido.

Luego, ya en caminos más nobles y un sol calentando con amabilidad, me retiré todo lo que cubría mi nariz y labios, ¡Qué aroma! El pino se hizo sentir para luego, experimentar otros aromas dulces como el de una flor delicada y sencilla que dejaba sus recuerdos a los caminantes que supieran apreciarla.

El brillo nevado se estaba derritiendo, rayitos de sol se le escapaban a un árbol y los pasos se volvían más suaves y menos accidentados al disminuir la cantidad de piedras hasta llegar al campamento base del cual a poco más de un kilómetro los autos hacen de lo suyo y se va regresando paulatinamente al bullicio de la ciudad.
Cansada pero satisfecha, me quedé con lo mejor del paseo, sin permitir que algunos hechos arruinasen el momento, como por ejemplo: Una cima colmada de senderistas, algunos con música a un volumen abusivo, otros dejando basura y cerillos entre las rocas. ¿Cómo una experiencia tan sublime no puede apagar la vulgaridad humana? Mis cuatro compañeras y yo, logramos bajar un poco de la basura encontrada en el camino y dejarle comida a los perritos abandonados que recorren el bosque buscando agua y comida. Así de extrema es la aventura de subir el Ajusco, es encontrarse con un claroscuro de conductas humanas.
Sí, llegué al campamento base, con ese sabor a logro ¡Toqué la cima de la montaña que descubrí una mañana caminando por un centro comercial y que me había prometido escalar, Pico El Águila, al sur de la CDMX, un lugar para amar y cuidar!.

Información técnica importante:
El Pico El Águila se encuentra dentro del Parque Nacional Cumbres del Ajusco, en la alcaldía Tlalpan de la CDMX, México. Su altura es de 3.937 metros sobre el nivel del mar. Llegué a él como un reto personal que me ofrecí como regalo de cumpleaños. Este sueño lo cumplí gracias a Daniela Beltrán, guía certificada. Además, fuimos con cuatro chicas más y un guía adicional. Daniela nos suministró los bastones y cascos. Nos orientó en cuanto a la vestimenta y alimentación. A continuación, unas pocas recomendaciones:
En cuanto a este punto es importante que si deseas subir, debes ser una persona activa físicamente porque el camino tiene retos importantes.
Lleva chocolate, frutos secos, emparedado o comida ligera, agua y suero.
En otoño/ invierno hace mucho frío. Es importante cumplir la regla de las tres capas, incluye guantes, linterna y zapatos que no tengan la suela lisa.
Si vas en auto particular, puedes dejarlo en el estacionamiento del Albergue Alpino. el cual está al pie de la entrada al parque.
De día puedes tomar el camión Ajusco /Santo Tomás en CENTRAM al pie de la Estación del Tren Ligero Estadio Azteca.
De madrugada un Uber te puede dejar al pie del Albergue Alpino.
La entrada al parque es de $40.00 (a marzo 2025).
El presupuesto aproximado para subir a un amanecer en Pico El Águila está como mínimo en $1000.00 incluye la comida que compras en el super para el paseo, pasaje, pago del parque, pago de guía, alquiler de casco y bastones. Un poco menos si vas por tu cuenta.
La basura no se queda en el pico, llévatela por favor, evita música a todo volumen, para ello existen muchos espacios en la ciudad para disfrutarla, bailarla y cantarla.
Mayor información: Daniela Beltrán. Guía de turismo con actividad específica en interpretación ambiental.
Telf. +525617707084
Mayerling Vera Merlo.



Comentarios